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Un deshumidificador extrae agua del aire. Suena simple, pero dentro hay dos tecnologías distintas, tres formas de vaciar el agua y varias trampas en las cifras de litros por día. Esta guía las ordena.
Para qué sirve
La humedad relativa ideal de una vivienda está entre el 40 y el 60 %. Por encima del 65 % aparecen condensación en los cristales, olor a humedad, moho en las esquinas frías y ácaros que se multiplican. Un deshumidificador baja esa humedad y, con ella, el ambiente que necesitan el moho y los ácaros.
Sirve para sótanos y trasteros, para pisos en la costa, para secar ropa dentro de casa y para después de una obra o una fuga. No sirve para quitar un olor químico ni para filtrar partículas: eso es otra función.
Compresor frente a desecante
Un deshumidificador de compresor funciona como una nevera: enfría una superficie, el agua condensa y cae al depósito. Es el más eficiente en condiciones normales, extrae mucha agua por vatio y domina el mercado doméstico.
Su límite es el frío. Por debajo de unos 15 °C el evaporador se congela, el aparato entra en descongelación y el rendimiento cae en picado. Por eso los buenos modelos incluyen descongelación automática.
Un deshumidificador desecante usa un rotor con material absorbente que atrapa la humedad y la expulsa calentando aire. Funciona mejor a baja temperatura —garajes, sótanos sin calefacción, segundas residencias en invierno— pero consume más por litro extraído y suele calentar algo el aire.
Regla práctica: vivienda habitada y caldeada, compresor. Sótano frío o casa sin calefacción en invierno, desecante.
Los litros por día engañan
Las fichas miden la extracción a 30 °C y 80 % de humedad relativa, o incluso a 35 °C y 90 %. Son condiciones de verano húmedo, no de un salón en enero a 20 °C y 60 %.
Un equipo que declara 20 litros puede extraer 8 o 10 en condiciones reales de invierno. Algunos fabricantes publican las dos cifras, lo que es una buena señal. El AEOCKY Boreas 25 l declara 25 litros a 35 °C y 95 % y 20 litros a 30 °C y 80 %, y el KNKA 25 l especifica 35 °C y 90 %. Cuando solo aparece una cifra sin condiciones, tómala como techo, no como media.
Para dimensionar, usa 1 litro al día por cada 4-5 m² en una estancia con humedad moderada, y sube si hay moho o tendida de ropa.
Industrial: cuándo tiene sentido
Un deshumidificador industrial mueve entre 30 y 100 litros al día, tiene ruedas, un chasis robusto y admite manguera permanente. Se usa en obras, sótanos grandes, piscinas cubiertas, secado de estructuras tras una inundación y almacenes.
En una vivienda no aporta nada: hace más ruido, pesa más y consume como un electrodoméstico grande. Si tu problema es un sótano de 25 m², un equipo doméstico de 20 litros es suficiente.
Desagüe, drenaje continuo y bomba
Un deshumidificador recoge el agua en un depósito que hay que vaciar. Cuando se llena, casi todos se apagan.
El drenaje continuo conecta una manguera a una salida por gravedad: el agua cae a un desagüe cercano y el equipo funciona sin parar. Es imprescindible para secar ropa o mantener un sótano seco durante días.
La bomba de drenaje añade una pequeña bomba que impulsa el agua hacia arriba, hasta dos o tres metros. Sirve cuando no hay desagüe a un nivel inferior, por ejemplo para subir el agua a una pila o a una ventana.
Higrostato: el termostato de la humedad
El higrostato (o humidistato) fija la humedad objetivo. Ajustas el 50 %, el aparato funciona hasta llegar y se detiene; cuando sube, vuelve a arrancar. Es lo que permite dejarlo encendido sin gastar de más.
Los modelos básicos solo tienen un dial continuo sin cifras. Los buenos permiten ajustar entre el 30 y el 90 % en pasos del 5 %. En el catálogo, el Orbegozo DH 1245 ajusta del 30 al 90 % y el Midea 12 l Wi-Fi trabaja en un rango del 30 al 85 %.
En resumen
Sirve para bajar la humedad y con ella el moho y los ácaros. Compresor en casa caldeada; desecante en frío. Los litros se miden en condiciones de verano. Y para uso continuo, drenaje por gravedad o bomba, más un higrostato con cifras.
